domingo, 23 de junio de 2013

La fuga maestra

Transcurría el 2004. Mi familia y yo  como era costumbre visitábamos a mi abuela los fines de semana. Pero en esta ocasión al entrar a la casa nos llevamos una gran sorpresa, pues mi bisabuelo se encontraba tirado en  el piso con un pequeño charco de sangre  alrededor de su cabeza. Al parecer  el accidente acababa de ocurrir. Rápidamente mis padres se encargaron de ver como se encontraba mi bisabuelo y llamaron a una ambulancia. Recuerdo que en esa ocasión la ambulancia no tardó mucho en llegar. Rápidamente atendieron a mi bisabuelo y se lo llevaron al hospital para hacerle los estudios pertinentes.
El golpe lo afectó más de lo que esperábamos, pues no recordaba bien las cosas. Por momentos no reconocía  a su familia, y esto causaba gran preocupación. Días después lo dieron de alta en el hospital y lo pudimos llevar de regreso a casa de mi abuela. Aunque la memoria no la había recuperado del todo, los doctores dijeron que lo haría con el  paso de los días.
Ya estando en casa las cosas no mejoraban. La situación parecía que iba empeorando pues mi bisabuelo no recobraba la memoria del todo. Ahora tenían que ponerle mas cuidados que antes, ya que no podía salir solo a la calle   y tampoco se le podía dejar solo por mucho tiempo.
En una ocasión logro salir de la casa sin que nadie se diera cuenta, afortunadamente uno de los vecinos lo vio , de inmediato lo detuvo y aviso a una de mis tías que vivían con mi abuela. Este sería el primer aviso de que había que ponerle mas atención y cuidado.
El verdadero susto y angustia lo tendríamos unos meses después, ya que de nuevo se escaparía de la casa. Solo que en esta ocasión lo haría por la noche y nadie se daría cuenta de su fuga.
Mi abuela informo a la policía  y al resto de la familia de la desaparición de mi bisabuelo. La mayoría de la familia acudió a la casa de mi abuela y se dedicaron a pegar propagandas con la foto de mi bisabuelo por toda la colonia. Incluso su foto apareció en los anuncios de personas extraviadas de canal cinco.

Al parecer todo esto no funciono pues  nadie nos dio informe alguno. Pasaron tres meses y por pura casualidad uno de mis tíos que vive a una hora de la casa de mi abuela,  encontró a mi bisabuelo  sentado  en una esquina comiéndose un  pollo rostizado.

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