domingo, 30 de junio de 2013

Viaje inesperado

Habían transcurrido dos años desde la última vez  que me había reunido con mis amigos de la preparatoria. Y fue así que una amiga decidió realizar una fiesta.  En esta ocasión como en las anteriores  no podía faltar el alcohol para amenizar la convivencia. Fue transcurriendo el tiempo y nosotros seguíamos tomando y contando lo que  había pasado en nuestras vidas durante esos dos años. Sin darnos cuenta el  tiempo se había pasado muy rápido, y era hora de que algunos amigos se fueran, ya que era muy tarde.
Fue  así que solo quedamos Ángel, Alejandro, Edgar, Pedro y yo. Decidimos ir a casa de Ángel  para continuar con la convivencia. De camino a la casa pasamos a un oxxo, donde compramos lo necesario para continuar  la borrachera.
Transcurrieron  las horas y  nosotros cada vez estábamos más  ebrios .Alejandro se había quedado pensativo un rato y de la nada propuso ir a Veracruz. Lo que a  nosotros nos tomó por sorpresa. Esta idea nos agradó a todos pero había un gran problema, ya no teníamos dinero y tampoco el permiso de nuestros padres. Alejandro nos dijo que no nos preocupáramos por el dinero, pues el acababa de vender una de sus camionetas y estaba dispuesto a gastar parte del dinero  en este viaje improvisado. El único problema era el permiso de nuestros padres pero esto fue lo que menos nos importó. Fue así que de manera imprudente emprendimos el viaje. Alejandro fue el único que dejo de tomar, ya que el  manejaría, mientras los demás seguíamos tomando. Afortunadamente llegamos sin ningún incidente y lo primero que hicimos fue meternos al mar. Ya después de salir del mar fuimos a casa de unos familiares de Alejandro que vivían cerca de la playa. En la casa de la tía de Alejandro  comimos, nos bañamos y dormimos unas horas, ya que teníamos que estar listos para una fiesta que nos había invitado una de sus primas.

Ya en la fiesta la pasamos muy bien. Estábamos tan tomados que terminamos dormidos en la playa. Lo bueno fue que despertamos temprano si no hubiéramos terminado muy quemados. Llegó  la tarde y la hora de regresar a casa  lo cual preocupaba a todos pues cada uno tendría su respectivo regaño. Esta vez aplicaría muy bien aquel dicho de que vale más pedir perdón que pedir permiso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario