Habían transcurrido dos años desde la última vez que me había reunido con mis amigos de la
preparatoria. Y fue así que una amiga decidió realizar una fiesta. En esta ocasión como en las anteriores no podía faltar el alcohol para amenizar la convivencia.
Fue transcurriendo el tiempo y nosotros seguíamos tomando y contando lo
que había pasado en nuestras vidas
durante esos dos años. Sin darnos cuenta el
tiempo se había pasado muy rápido, y era hora de que algunos amigos se
fueran, ya que era muy tarde.
Fue así que solo
quedamos Ángel, Alejandro, Edgar, Pedro y yo. Decidimos ir a casa de Ángel para continuar con la convivencia. De camino
a la casa pasamos a un oxxo, donde compramos lo necesario para continuar la borrachera.
Transcurrieron las
horas y nosotros cada vez estábamos más ebrios .Alejandro se había quedado pensativo
un rato y de la nada propuso ir a Veracruz. Lo que a nosotros nos tomó por sorpresa. Esta idea nos
agradó a todos pero había un gran problema, ya no teníamos dinero y tampoco el
permiso de nuestros padres. Alejandro nos dijo que no nos preocupáramos por el dinero,
pues el acababa de vender una de sus camionetas y estaba dispuesto a gastar
parte del dinero en este viaje improvisado.
El único problema era el permiso de nuestros padres pero esto fue lo que menos
nos importó. Fue así que de manera imprudente emprendimos el viaje. Alejandro fue
el único que dejo de tomar, ya que el manejaría, mientras los demás seguíamos
tomando. Afortunadamente llegamos sin ningún incidente y lo primero que hicimos
fue meternos al mar. Ya después de salir del mar fuimos a casa de unos
familiares de Alejandro que vivían cerca de la playa. En la casa de la tía de Alejandro
comimos, nos bañamos y dormimos unas
horas, ya que teníamos que estar listos para una fiesta que nos había invitado
una de sus primas.
Ya en la fiesta la pasamos muy bien. Estábamos tan tomados
que terminamos dormidos en la playa. Lo bueno fue que despertamos temprano si
no hubiéramos terminado muy quemados. Llegó la tarde y la hora de regresar a casa lo cual preocupaba a todos pues cada uno tendría
su respectivo regaño. Esta vez aplicaría muy bien aquel dicho de que vale más pedir perdón que pedir permiso.
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