Tendría como ocho años, cuando iba con mis pequeños amigos a
las tradicionales posadas y a pedir dulces el día de murtos . Estas dos partes del año eran de mis preferidas cuando
era niño, ya que en esos tiempos las posadas se realizaban en gran número en
la mayoría de las calles de mi colonia. No como en la actualidad, pues ahora en la
mayoría de las posadas solo suelen juntarse a beber. Aunque con mi edad actual
eso ahora me agrada más.
Hay varios momentos
de las posadas que recuerdo y me siguen causando mucha risa. Uno de esos
momentos fue cuando a Fernando uno de mis amigos lo golpearon en la cabeza con
el palo que se golpeaba a la piñata. Esto pasó porque Fernando
se acercaba demasiado a la persona que estaba pegándole a la piñata, para poder
ser el primero en tirarse a recoger todo lo que tenía la piñata.
Afortunadamente a Fernando solo le salió un chichón pequeño
y pudo continuar en la posada con nosotros.
Pero lo que más recuerdo es que nuestro grupo de amigos tenía
un plan para todas las posadas. El cual consistía en apoderarnos de toda la
piñata y después repartirla entre nosotros. Éramos cinco y nos repartíamos alrededor
de la piñata, para que en el momento en que esta cayera al piso nosotros nos lanzáramos
sobre ella y así poder obtenerla en su totalidad. Así lo hicimos durante las
dos primeras posadas que se realizaron. Para la tercer posada que íbamos ya no pudimos realizar el plan, pues las personas
que las organizaban nos dijeron que ya no lo hiciéramos pues había más niños. Así
que ahora cada quien se lanzaría por lo
suyo.
La otra parte importante del año que me gustaba era el día
de muertos. Pues salíamos los cinco amigos disfrazados a pedir dulces por toda
la colonia. Lográbamos llenar bolsas de golosinas,
las cuales terminábamos en cuestión de horas. Eran buenos tiempos.
En la actualidad Fernando, Toño, Carlos, Jorge y yo nos seguimos reuniendo en ambas fechas. Con la
diferencia que ahora ya no nos preocupan las piñatas, ni pedir dulces como
cuando éramos niños. Ahora solo nos reunimos para platicar o tomar una cerveza. En ocasiones el día de muertos alguno sale disfrazado y
nos dedicamos a espantar a la gente que vamos encontrando por la calle.
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